(..) Mi comentario tampoco pretende desmaterializar la escultura, y así idealizarla. La cara cerrada e inexpresiva convierte esta falta de encaramiento en algo anónimo y, al mismo tiempo, insistentemente material. Encáralo, esta cara importa: no es tan fácil definir la cara, cuando nos desprendemos de las tradicionales ideas humanísticas preconcebidas. Esto es lo que el autorretrato de Lidó Rico nos obliga a pensar/ver. Ya no se trata aquí de una persona de prestigio que encarga su retrato para la eternidad, ni tampoco de un alma atormentada caricaturizada. Al renunciar a una mirada abarcadora, dominante, nos vemos obligados a mirar con nuestro sentido táctil, «palpando» (..)

Mieke Bal