Nadar en nadas.
Nadar entre ojos llenos de alambres que te revientan las manos,
nadar en miradas con las que nunca hubieras deseado cruzarte por miedo a sucumbir,
nadar entre pupilas pegadas a tristezas tan certeras como desconocidas.
Tragado por la nada, solo puedes vomitar agua en blanco y negro