LIDÓ RICO: MÁS ALLÁ DE LA ESPECIE HUMANA

Cristina Guirao Mirón. 2017

Más allá de la materia, esa substancia de la que están hechas todas las cosas, solo hay planteamiento estético. Este es el punto de partida del universo plástico-poético que representa la obra de Lidó Rico. El arte es materia, la vida es materia, la humanidad es materia y dejará un rastro material en el planeta tierra difícil de subsanar…

INESATBLOS, el proyecto expositivo que Lidó Rico presenta en el MUA articula su discurso desde la materialidad de las técnicas de producción artística. Es este proceso, el artista trabaja con resina liquida que introduce en moldes de silicona, bien vaciados de su propio cuerpo, bien de cerebros cedidos por la facultad de Medicina de la Universidad de Murcia

Pero hay un más allá de este proceso creativo -y quizás también de la materia-, al que apunta el planteamiento artístico de la obra de Lidó Rico, se trata de una revisión critica del discurso antropocéntrico occidental desde posiciones posthumanistas. Desde ellas, Inestablos plantea un espacio expositivo que habita simultáneamente el ámbito de lo humano y de lo no humano, los intersticios que desdibujan la distinción entre natural y artificial. Y es desde ese espacio interesticial, desde el que la obra de Lidó intranquiliza y golpea la cómoda conciencia de la especie humana. Cerebros manipulados por la tecnociencia, adictos a la tecnologías, presos de inmediatez de la información, esclavos de la sociedad de la producción, fatigados y cansados, entregados a las adicciones de una sociedad que les somete al rendimiento continúo, son una gran metáfora del mundo contemporáneo y sobre todo representan una revisión critica y demoledora del capitalismo productivo y su paradigma filosófico: el humanismo antropocéntrico.

Cada sociedad desarrolla sus enfermedades propias (Byung-Chul Han, 2012). Esta sociedad del rendimiento continuo se caracteriza por la aparición creciente de enfermedades neuronales: el trastorno por déficit de atención (TDAH), el trastorno límite de personalidad (TLP), el síndrome de desgaste ocupacional (SDO), el alzehimer… Enfermedades que representan el infarto del alma ante la explotación y el rendimiento continuo. El agotamiento y la fatiga ante el exceso de trabajo e información.

Hemos dejado atrás la sociedad de la vigilancia (Foucault) sociedad disciplinaria que organizaba sus estructuras sociales en base a espacios disciplinarios: hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles, fábricas. Heterotopias que repetían el mismo esquema de funcionamiento social para disciplinar, adiestrar  y “curar” individuos que se alejan del “canon” de la salud, el del comportamiento social y la obediencia. El siglo XXI ha entrado en la sociedad del rendimiento cuyas estructuras sociales nos adiestran en la producción: el gimnasio, las tecnologías de la información, la generación y difusión del conocimiento, la sociedad red, los no-lugares, los espacios de trabajo virtuales… todo lo que trasforman al individuo en sujeto hiperproductivo. Los cambios psíquicos que esta sociedad del rendimiento continuo empiezan por el lenguaje. De la negatividad de los verbos deber y tener que, propios de la sociedad de la vigilancia (Byung-Chul Han, 2012), a la positividad de los verbos poder y hacer, principios de racionalidad productiva. Los proyectos, las iniciativas y la motivación sustituyen a la obligación, el mandato y la ley. Al inconsciente colectivo le es inherente ahora el afán de maximizar la producción. El sujeto disciplinado en la sociedad de la vigilancia, pasa ahora del deber al poder, interioriza el mandato y se convierte en un tirano de si mismo, se sobreexplota. Esta es la gran diferencia con la sociedad de la vigilancia, en ella el individuo podía revelarse contra alguien ajeno a sí mismo. Ahora, en la sociedad del rendimiento, esa instancia extraña está dentro del propio sujeto se autoexplota y se convierte en su propio tirano. Los síntomas son claros: la depresión, el cansancio, el no poder más… el fin de la voluntad que narra magistralmente Melville en Bartleby, un relato prospectivo… “I would prefer not to” era la sentencia de Bartleby, que elige la apatía, la falta de iniciativa, que tiene el alma infartada.

Hay piezas en el planteamiento artístico de Lidó Rido que expresan plásticamente la violencia sistémica que ejerce la sociedad del rendimiento. Inestablos nos habla de una humanidad frágil, inestable, emocionalmente herida, entregada  a las dependencias como vías de escape y huidas del sí mismo. Nos habla de la fatiga del alma en las sociedades que han hecho de la racionalidad productiva el canon del sujeto humano. Así, la obra “Wiffi zone” conformada por una secuencia de cerebros con injerto de piezas tecnológicas es una gran metáfora plástica del rendimiento continuo, de igual manera que en “100 maneras de descubrir un secreto” en la que vemos esos cráneos-cremallera con un puño golpeando su interior, o como en “Landscape on White/Landscape on Gray” donde en cada uno de los cerebros trepanados emerge insertada la figura de un pequeño hombre de silicona.

La Ilustración y la modernidad son, sin duda, el momento histórico del paradigma humanista que estamos dejando atrás. Foucault avisará de que este modelo está en extinción. La muerte del sujeto, es la muerte del sujeto cognoscitivo kantiano, centro del universo de la percepción y de la representación del mundo. Pero también el marxismo forma parte del paradigma humanista que dejamos atrás, un sujeto unívoco y hegemónico al que se le asigna el papel de ser el motor real de la historia humana, responsable del progreso histórico y de las mejoras sociales del mundo. Ha sido el pensamiento feminista (Irigaray, 2009) el que inició la critica a esa aspiración universalista del hombre blanco y de su racionalidad científica desde posiciones epistemológicas y políticas; la omnipotencia del humanismo europeo, guardián moral del mundo y de la evolución humana. El pensamiento postcolonial (Said, 2007) parte precisamente de esta crítica al humanismo, la prepotente ilusión de creerse el canon que puede decidir qué, quiénes y cómo han de ser y vivir los demás ¿Quienes son los fundadores del contrato social, los ciudadanos originarios que deciden los fundamentos de la justicia? Hombres libres, iguales e independientes. La herencia kantiana excluye de la fundación de la sociedad y de los fundamentos de la justicia a los dependientes, los diferentes, los discapacitados y por supuesto a otras especies animales (Nussbaum, 2007). Otra sexualidad, otra racionalidad, otra raza, otras capacidades o discapacidades quedan fuera del contrato de ciudadanía. Fenómenos como el machismo, el racismo, el colonialismo, el dogma de la razón científica y otros sistemas de valores soportados socialmente, son consecuencia de este paradigma humanista (Braidotti, 2015)

Para escapar de las trampas sociales del humanismo y ejercer al mismo tiempo una revisión crítica, la obra de Lidó Rico desarrolla un planteamiento que deconstruye el paradigma de la modernidad desacreditando el supuesto central de la teoría: la razón centrada en el sujeto. Partiendo de este contexto de interpretación, el cerebro humano es la unidad lingüístico-plástica que el autor utiliza para articular su discurso. Algunas piezas de Inestablos recuerdan la sentencia foucaultiana de que el sujeto es una construcción histórica moderna. Foucault lo expresa al final del prefacio de las Palabras y las cosas “ningún sujeto existe antes de las fuerzas históricas que lo constituyen”. Pero es un hecho que las tecnologías del cuerpo –medicina, biología, psicología, psiquiatría, ciencias sociales…– que tradicionalmente han construido al sujeto moderno, están perdiendo peso y están siendo sustituidas por nuevas tecnologías que disuelven y desdibujan los dualismos modernos entre el yo y los otros, entre mente y cuerpo, entre humano y animal, entre naturaleza y cultura. Estas categorías, surgidas de la fusión de las nuevas tecnologías con lo humano, desdibujan la separación tajante entre lo orgánico y lo inorgánico, cuestionando lo propiamente humano  y su relación como lo otro, lo no humano –incluido el mundo animal–. Esto obliga a organizar un discurso nuevo, el discurso en torno a las formas de dominación de estos mundos desde una humanidad metamorfoseada, entendida como un eslabón más de lo material: la posthumanidad (Braidotti, 2015). Esta posthumanidad tendrá como tarea principal conceptualizar el modelo de integración con otras formas no humanas, porque es el momento en el que las tecnologías cibernéticas de poder han empezado a penetrar los cuerpos y a generar nuevos tipos de subjetividad. Los cyborgs son sólo una metáfora de aquello en lo que los habitantes del mundo postmoderno nos estamos convirtiendo (Haraway, 1995)

Pero, no se trata sólo de constatar que vamos hacia una humanidad con vidas virtuales, alimentos modificados, implantes tecnológicos… se trata de profundizar en las identidades de esa post-humanidad que seremos (Braidotti, 2015). Y ahí es donde el trabajo de Lidó con cerebros humanos explora estas identidades en los vaciados en silicona y resina de poliéster, a los que inserta cables de ordenador, microchips, pequeños implantes tecnológicos… así como  las contradicciones del humanismo contemporáneo atrapado en la transición hacia otro paradigma de comprensión, se expresan en las cabezas turbadoras que emergen de la pared, sosteniendo otros cerebros, expresando emociones intensas o diversas adicciones, reflejos plásticos de esa prepotencia racional del hombre humanista, de los abusos a los que se deja someter por la capitalismo logocéntrico, que captura a todas las especies vivas en los engranajes de la economía global. Esta exploración de cabezas y cuerpos fragmentados sacan a la luz la fragilidad del ser humano ante un sistema que le sobrepone, que le lleva a vivir la vida al borde del accidente y del imprevisto… Las guerras, la gestión del miedo y las emociones o las tecnologías de la muerte abren interrogantes sobre la humanidad que somos y seremos. La pregunta es ¿qué identidades humanas configuramos en este nuevo escenario post-humano?

“La situación post-humana se caracteriza por una cita significativa de momentos inhumanos”, dice Rossi Braidotti. Lo post- humano no implica el fin de la humanidad, indica el fin de una cierta concepción de la humano. El fin del paradigma humanista de ciencia, conocimiento y organización social que tenía como objetivo dominar la naturaleza y que ha devenido en la colonización de la vida por la lógica del mercado y del beneficio. Desde estos parámetros es desde dónde tenemos que constatar las transformaciones que se han producido en las formas sociales y en las identidades humanas. Los avances tecnológicos y la fusión próxima del hombre con la tecnología nos pone sin duda en este escenario. Nuestros cerebros, algún día modificados por la tecnología, como en algunas piezas de esta exposición, serán híbridos. Su pertenencia a la especie humana pasará por explorar las capacidades de lo híbrido y –esta es la gran contradicción- por su desnaturalización, por la  remasterización de su posición en el mundo.

Por ello, el trabajo de Lidó Rico es un planteamiento constante de deconstrucción del  cerebro esencializador, a la vez que representa el esfuerzo por abrir la puerta a un nuevo discurso no logocéntrico. La pluralidad de cerebros, el pantone de su representación apunta a la diversidad, a la transformación del singular en plural, de lo isomorfo en heteromorfo, romper el canon, la apertura a la diversidad de sujetos posthumanos, desde los espacios intersticiales, en la confluencia de los límites. En este análisis la obra de Lidó Rico contrapone y deconstruye las prácticas discursivas occidentales, sus dependencias y sus formas de dominación para construir un planteamiento artístico que nos sitúa frente a la dura tarea, cultural y política, de redefinir los conceptos y límites de la sociedad. Y esta tarea es un compromiso que no tiene vuelta atrás.

Inestablos es una sala de espejos conceptuales, metáfora y realidad del paradigma contemporáneo, desde la que pensar sobre las posibilidades de la vida mas allá de la especie humana, por eso nos inquieta y nos incomoda, porque nos enfrenta a nuestro propios miedos y a nuestras contradicciones.

BIBLIOGRAFÍA

BRAIDOTTI R. (2015). Lo Posthumano. Barcelona: Gedisa.

BYUNG-CHUL HAN, (2012), La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

FOUCAULT  M. (2012). Vigilar y castigar. Madrid: Biblioteca Nueva.

FOUCAULT M. (1997). Palabras y las cosas. Madrid: Siglo XXI.

HARAWAY D. J. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Madrid: Ediciones Cátedra.

IRIGARAY L. (2009). Ese sexo que no es uno. Madrid: Akal.

NUSSBAUM  M. C.  (2007). Fronteras de la justicia. Consideraciones sobre la exclusión. Barcelona: Paidós.

SAID E. W. (2007). Orientalismo. Barcelona: DeBolsillo.