GRITA SILENCIO.

Irene Ballester Buigues. 2014

En el trabajo de Lidó Rico, es su cuerpo el lienzo de expresión, un cuerpo que se convierte en molde tras sumergirlo, desde el cual esculpir rostros a modo de exvotos que reflejan diferentes sentimientos, pero cuya desacralización, imprime libertad a la representación.

El rostro humano en la obra de Lidó Rico constituye una condición para la humanización donde se catalizan instantes y situaciones a través de la producción del  rostro puesto al servicio de la expresividad del dolor.  Los rostros en la obra de Lidó Rico nos interpelan, nos cuestionan, moralmente o no, siempre y cuando aceptemos autoridades morales obligatorias. Sus rostros desfigurados nos hablan de la precariedad de la vida y de restos de una guerra, así como del fracaso de la sociedad contemporánea. Los llantos son percibidos a través del mismo rostro, una agonía y vulnerabilidad a través de la cual tomamos conciencia de la extrema precariedad de la vida en la que está inserto el otro, cuyos enunciados evitan el verbo y presentan mutismo, pero cuya resistencia y combatividad nos hacen despertar ante la precariedad del otro. Porque el dolor es un vehículo para la transformación y una herramienta de empatía para visibilizar aquello que permanece en los márgenes, en el silencio y en la otredad.

La deshumanización del grito se convierte en garra, la humanización se convierte en silencio y en soporte para la angustia existencial donde el cuerpo es percibido como una prisión.

Los rostros de Lidó Rico muestran dolor, violencia, pero también miedo y angustia. La humanización de dichos rostros es extrapolada al contexto actual donde los cuerpos tienen una dimensión invariablemente pública, entregados al mundo de los otros[1] donde podemos vernos reflejados. Y es ahí donde la vulnerabilidad de nuestra existencia está presente, porque la violencia es una forma de vida que fortalece argumentos a favor de la barbarie. Es por ello que los rostros de Lidó Rico se rebelan contra el sufrimiento mismo, contra las pérdidas y contra la noción de lo normativo.

 

[1] Id: Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, Ediciones Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 52