GENOARQUITECTURAS EN LIDÓ RICO.

Jesus Segura. 2016

En el trabajo de Lidó Rico, lo performativo y lo gestual se dan cita en esa primera batalla con la escayola y la resina de poliéster donde un cierto misticismo preside el proceso creativo. El resultado de ello es un estallido del cuerpo fragmentado, exiliado de su absoluto.

Emergiendo como espectros fosilizados del exceso, los cuerpos estallados se adueñan del espacio que ahora se nos presenta inquietante, turbador. Poblado de fragmentos, el juego de miradas y asociaciones entre ellos, involucra al espectador en la escena. Uno se pregunta, no sin cierta ironía, si el artista, perversamente, nos está convocando a sumergirnos en el éxtasis doloroso de la condición humana. Es decir, en una maniobra elíptica, traslada el ritual místico de su proceso creativo al espacio físico y vivencial del visitante de sus trabajos, confiriéndole a estos su estatuto intersubjetivo y enigmático.

En cierto modo, esa condición humana con sus miserias y grandezas ha sido y son el punto de inflexión donde pivota su actitud creativa. Sin embargo, son muchas y diversas las preocupaciones y los compromisos que la trayectoria artística de Lidó Rico ha conjeturado.

Desde una estrategia permeable a diversas problemáticas, Lidó Rico ha desarrollado un nexo reflexivo y crítico en torno a una idea de “verdad”. La exploración intersticial de sus instalaciones escultóricas ponen en juego elementos que desarrollan variables de opuestos: interior-exterior, memoria-imaginación, público-privado, honestidad-corrupción etc.… donde se convoca al espectador a un desciframiento dialógico de los enigmas que se nos plantea mediante la incorporación de un antagonismo perpetuo con el que debemos vivir, negociar, crecer. Este antagonismo reside en nuestra propia existencia.

Asistimos a una época de la aceleración (Rosa, 2013) donde se produce una “contracción del presente”, una dinamización y un empobrecimiento en todos los órdenes de la experiencia del individuo contemporáneo. El sujeto actual vaga sin fin alguno, con el único objetivo de reproducir su estructura para generar un bucle que se retroalimenta continuamente. Esta visualización de la vida moderna es recogida por Lidó Rico para plantear experiencias cargadas de sentido, experimentos que conectan mundos diversos y dispares para formular otras prerrogativas de modos de vida.

Esta cierta metafísica del objeto que desarrollan las piezas de Lidó Rico, les confieren una extraña cualidad para constituirse como objetos de conocimiento que generan pensamiento acerca del individuo contemporáneo. De este modo, se trataría entonces de desregularizar el flujo temporal incesante y repetitivo para habilitar plataformas que intensifiquen la experiencia perceptiva, vivencial del sujeto contemporáneo. En este sentido, los trabajos de Lidó Rico operan, sobre todo, en una internalización psico-social que despliega una atmósfera de desasosiego y extrañeza donde la precariedad de los modos de vida del individuo contemporáneo son exhibidos crudamente, sin tapujos. Pero ¡Cuidado! No estamos ante unos trabajos que tratan de dogmatizar, que tratan de hacer letanía barata de modos de vida. Por el contrario, sus obras exploran la condición fallida del humanismo que proclamó la modernidad para articular un sujeto, un individuo transhumano donde la hibridación de ciencia y arte propone una linealidad histórica paralela. La crítica post-humanista pone en duda la omnipotencia de la humanidad con el orden natural y alienta las investigaciones científicas divergentes o las manifestaciones estéticas que alteran la representación antropocentrista.

A este respecto, Jack Burnham (1968) propone la convergencia existente entre la aparición de la ciencia y la aparición de las representaciones escultóricas del cuerpo humano en la antigua Grecia, con el único objetivo de estudiar la posibilidad de articular, en un futuro,  un individuo post-humano. En este sentido, las investigaciones llevadas a cabo por los llamados bio-artistas parecen apuntar a la extinción antropocéntrica en la relación hombre-naturaleza.

Los últimos trabajos de Lidó Rico recogidos bajo la acepción de “Genoarquitecturas” se desarrollan en colaboración con neurobiólogos y neurofisiólogos que tratan el estudio del cerebro y las posibles implicaciones de éste con la enfermedad de alzhéimer. Su compromiso con proyectos científicos viene dado por su extremado interés en lo que Foucault (1976) definió como “la vida” y “lo viviente” y la posibilidad de poder articular nuevas formas de conocimiento mediante un arte que usa el material orgánico como medio de representación y comunicación.

El material orgánico se convierte en herramienta artística.  Cerebros humanos cedidos por el Departamento de Medicina de la UMU (Universidad de Murcia) donde Lidó Rico despliega en la representación de estos cerebros fallidos, historias de esperanza sobre la posibilidad de articular “otros” designios sobre la enfermedad de alzhéimer. Es curioso observar como las alegorías que plantea el artista, en diálogo con el cerebro humano, obedecen a un orden natural; nido de avispas, lagunas de agua cristalina, ojos de pollo, erupciones naturales…. nos interrogan sobre la idea de una inteligencia colectiva conformada por un organismo cuyos elementos individuales están en constante comunicación. Las referencias a formas no humanas de la inteligencia y el intercambio creativo entre elementos que conforman un “paisaje” donde las relaciones entre arte y vida, naturaleza y cultura desechan la estructura antropocentrista para habilitar asociaciones y relaciones entre elementos interconectados que articulan un desarrollo contingente de la naturaleza.

Por otro lado, esa idea de que la existencia es esencialmente co-existencia de todos los entes expresada por Jean Luc Nancy (2006) es llevada literalmente a la experimentación creativa en algunas piezas de Lidó Rico. Frente a el modo de concebir lo comunitario; desde la pertenencia, la identidad y lo común compartido, Nancy formula una teoría hacia posiciones que no exigen reciprocidad, que reclaman un “ser singular plural”. En cierto modo, el artista se posiciona como mediador del conocimiento científico para articular una co-habitación entre elementos científicos y artísticos que nos lleve a una forma de pensamiento holístico. Y, una de sus estrategias más plausibles, es su articulación del concepto de memoria desarrollado en sus obras.

La memoria, como ha apuntado Mieke Bal, “no es capaz de transportar su marco temporal” (Bal, 2009, p. 246). Sin embargo, la relación de imágenes crea redes temporales que activan la subjetividad y producen espacios de revisión de las cronologías hegemónicas y subalternas presentes en los imaginarios. Esta multiplicidad temporal desarrolla diversas líneas de actuación donde el concepto de tiempo se sitúa entre: la heterocronía y el anacronismo.

La construcción de espacios dialécticos entre realidad y ficción desarrollada en la obra de Lidó Rico, introduce una diversidad de operativos narrativos. Estos se configuran en el proceso de montaje y postproducción de la obra. De tal manera que el espectador recibe la obra reprocesada, reelaborada e intervenida en sus grados de especialización entre pasado y presente, Y, de este modo, articulan variables de sentido que reactualizan la memoria.

Estas memorias se han configurando en sus piezas bajo una peculiar estructura fragmentaria. Y,  han sido tratadas con precisión para nuestro propósito por Andreas Huyssen (2002). Explorando la memoria contemporánea y definiendo una interacción de fenómenos que generan relaciones complejas mediante asociaciones temporales. Su análisis explora las tensiones culturales del pasado y del presente en relación con las cuales el futuro se conforma. En este sentido, él ha señalado: “aquello que desde una perspectiva parece la abrumadora victoria del presente modernizador sobre el pasado, desde otro punto de vista puede ser considerado una entropía del espacio ocupado por el presente” (Huyssen, 2002, p. 154). Esta dualidad a la que se refiere Huyssen es administrada por Lidó Rico, al constatar una reconfiguración de presente y pasado y una especulación entre historia y representación, ya que sus trabajos incorporan registros escultóricos de diversas épocas en un arco temporal diáfano. La estrategia de Lidó consiste en aplicar esas alteraciones de los conceptos que ha sido expresada por Koselleck (2001), o esa acepción nómada, viajera expresada por Mieke Bal (2009) que invita a procedimientos interdisciplinares mediante conceptos móviles y desecha métodos programáticos. A este respecto, es interesante la reflexión propuesta por Didi-Huberman(2005) donde nos habla sobre el simple hecho de recordar como un acto reconstructivo,  en sí mismo. Es decir, como  un acto anacrónico.

La obra de Lidó Rico actualiza una programática de la percepción y la memoria donde se especula con las formas, los tiempos y su normatividad crítica. Desarrollando una interacción con el espectador donde la auto-reflexividad cuestiona los valores y roles predeterminados. El artista realiza una inmersión en los procesos cognitivos adheridos a la memoria del espectador. E, inevitablemente, toma en cuenta este capitalismo tardío para la creación de estructuras semióticas, capaces de filtrarse ante una concepción adulterada de los productos culturales. Por tanto, configurar un trabajo artístico donde se despliegue y cuestione lo textual-racional y lo intuitivo-visual bajo parámetros que produzcan pensamiento, mediante esquemas perceptivos y sensoriales que dialoguen con los órdenes hegemónicos de la visibilidad, con lo enigmático y extraño, con la ocultación-des-ocultación de significados y con la precariedad y fragilidad del sujeto social, son las vías de trabajo objeto de exploración en su obra.

De este modo, en Genoarquitecturas comparecen en el espacio expositivo una multitud de cerebros  como único rasgo de un individuo ausente. El ejército de cerebros se configuran como un oxímoron de la condición humana donde se nos invita a descifrar sus contenidos inscritos.

Quizá sea ese cerebro transformado en barco con un diminuto patrón a la deriva la que mejor invita al viaje que plantea esta exposición . De este modo, todo un sin fin de metáforas, emergen de los pliegues de la masa encefálica fosilizada que, sin embargo, adquiere una cualidad blanda, gelatinosa de la cual surgen multitud de manos. Como si el afecto y la pasión fueran el único timonel posible para gobernar las viscosidades, las mezquindades del individuo contemporáneo .

Desde los pliegues rugosos de la masa amorfa se alza una figura diminuta que otea el paisaje donde se asienta: parece querer hablarnos de su soledad y precariedad; de lo provisional de todo acontecer. Ahora, en el hemisferio derecho, donde se aloja el pensamiento holístico-emocional, encontramos incrustado un nido de avispas, sin zumbidos, sin presencias… De nuevo la referencia a la condición animal. Como en ese autorretrato con ojos de pollo, inquietante, posthumano.

De repente, un cerebro plagado de neumáticos usados, demasiado usados. Su desgaste, nos habla de una vida acontecida, de un tiempo vivido. Perdido en sus recuerdos (alzhéimer). O ese otro cerebro preñado que acoge dentro de sí otros más pequeños. La gran matrioska de la diferencia que indefectiblemente nos habla  de ese género en disputa que mencionara Butler (2007). Y, finalmente, ese otro que representa a un puño cerrado, críptico. Custodiando ese ruido secreto duchampiano que conspira contra toda objetividad…

Esta maniobra de inversión material y simbólica donde se produce un desprendimiento hacia otras formas y usos simbólicos, es una constante en la producción artística de Lidó Rico. Su trabajo articula procesos intuitivos y deductivos donde lo particular y lo general, lo concreto y lo abstracto se reformulan discontinua e intermitentemente. Es por esto, que ese humanismo emanado de la modernidad se somete a un experimentalismo donde la ensoñación y un cierto onirismo desafían la homogeneización del sujeto moderno para confrontar diferencia e identidad, pasado y presente e interior y exterior.

Hay una suerte de dialéctica entre objeto intervenido y lenguaje insertado que da lugar a un “entorno sensible” donde se activa esa “verdad extática” que mencionara Herzog y que consiste en insertar una atmósfera ensoñadora al objeto que permite establecer una dialéctica reflexiva donde la mirada del espectador crea las condiciones de posibilidad narrativa de todo acontecer en las piezas. En este sentido, debemos entender el trabajo de Lidó Rico como una apuesta decidida por entender las complejidades y contradicciones del individuo contemporáneo.

Estamos, pues, ante un trabajo para adultos, con dos rombos, quizá tres o cuatro, donde uno tiene que estar preparado para reconocerse en su precariedad. En su condición fallida de persona humana.

Jesús Segura

Artista y Profesor de la Universidad de Murcia.

 

BIBLIOGRAFÍA

BAL M. (2009). Conceptos viajeros en las humanidades. Una guía de viaje. Murcia Cendeac.

BURNHAM J. (1968) Beyond Modern Sculpture: The Effects of Science and Technology on the Sculpture of This Century, New York: George Braziller.

BUTLER, J. (2007) El genero en disputa: el feminismo y la subversion de la identidad. Paidos Ibérica.

DIDI-HUBERMAN, G. (2005). Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto. Barcelona: Paidós.

FOUCAULT M. (2007). Seguridad, territorio, población: Curso en el Collège de France (1977-1978). Traducción al castellano de Horacio Pons. Segunda reimpresión en español. Fondo de Cultura Económica de Argentina S. A. Buenos Aires, Argentina.

HUYSSEN, A. (2002). En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globaIización, México: Fondo de Cultura Económica, En http://lapetus.uchile.cl/lapetus/archivos/1300886827Pretéritospresentesmedios,pol%C3%ADtica,amnesia.AndreasHuyssen.pdf. Consultado el 01 de Enero de 2013.

KOSELLECK, R. (2001). Los estratos del tiempo: estudios sobre historia. Barcelona: Paidós.

NANCY J. (2006) Ser Singular Plural. Arena Libros.

ROSA, H. (2013). Social Acceleration: A New Theory of Modernity: Columbia University Press.