DEL LENGUAJE DE LAS PIEDRAS.

José Martínez Calvo. 1991
Galería Espacio Mínimo

“ veo un aro que pende sobre mí”, Dijo Bernard “ El aro vibra y pende de un haz de luz”. “ Veo una tajada de pálido amarillo”, dijo Susan, “ que crece y se aleja al encuentro de la raya de púrpura”.

“ Oigo el sonido”, dijo Rhoda, “de canto barato en gorjeo,  canto barato que se aleja y baja”.” Veo un globo “ dijo Nlezville, “ que cuelga en el aire, en vertical caída, contra las inmensas laderas de una colina que no sé”

Virginia Woolf, “ Las Olas”

A veces ocurre que no se necesita nada más que una imagen para llegar a conocer la historia de alguien, de algo, o, incluso del mundo.

El artista hacedor de imágenes, suelo darnos tan solo, normalmente, alguna referencia más o menos exacta de la vida, pequeñas pistas de lo que ha sido o de lo que puede llegar a ser. Las menos de las veces, el artista consigue condensar la vida en una imagen, inventar el mundo nuevamente, en los escuetos y exactos límites de cada una de sus obras, adelantarnos en ellas sobre todo lo que inevitablemente llegará a acontecer y hasta entonces permanecía ignoto. Es eso lo que ocurre con el universo plástico de Lidó Rico, plagado de imágenes inquietantes, sugestivas y nuevas que nos muestran un mundo enigmático e imprevisible, rico y desconcertante, totalmente desconocido y por tanto, novedoso. A través de ellas, tenemos noticias precisas del pasado, conciencia exacta del presente, certeza absoluta de lo que tiene que ser el porvenir.

Para la realización de su obra, Lidó Rico toma prestadas escasas referencias de la historia del arte. Apenas, la denominación de cuadros – para algunos, no del todo apropiada -,  su vertiente utilitaria más elemental – objeto que se cuelga para ser contemplado y proporcionar placer y poco más. Tiene eso sí, cierta tendencia a infligir lo preestablecido, a desterrar los cánones y a derrumbar barreras que resulta común al arte de los últimos tiempos, o, mejor, a todo arte concreto que se adelanta a su tiempo rompiendo claramente con el pasado , abriendo totalmente el camino a un futuro ignorado hasta entonces, normalmente sorpresivo e inaceptado en principio, y que solamente con el paso de los años llegará a asumir completamente y obtendrá el “status” de clásico.

Irreverente en la técnica y un tanto iconoclasta. Lidó Rico no duda a la hora de liberar a sus cuadros de la esclavitud impuesta por las dos dimensiones tradicionales, al tiempo que elimina de ellos el clásico soporte o cualquiera de los elementos que caracterizan desde siempre a la pintura. Sus trabajos, de este modo, realizados además con materiales atípicos, resultan en principio, técnica y formalmente inusuales.

La cera es la materia básica de su quehacer actual, el soporte en el que se insertan los elementos más diversos con los que crear su obra, o sobre el que los irá superponiendo de las formas más variadas y dispares, dando como resultado una suerte de sorprendentes collages tridimensionales formados con los más heterogéneos materiales – gran parte de ellos preexistentes y con su particular carga conceptual  y elaborados conjugando las más inusitadas técnicas.

Pero, aunque en principio pudiera pensarse lo contrario, nada hay en el trabajo de Lidó Rico producto de la casualidad. No existen concesiones en sus cuadros y mucho menos a un falso espíritu epatante a la tan imperiosa como banal necesidad de sorprender que puede caracterizar a muchos de sus contemporáneos. Su pintura, de una total coherencia, es producto de la sinceridad, también de la necesidad y parte de una absoluta claridad de concepto. La sutileza, la ironía, la elegancia son principios que forman parte de su planteamiento inicial y que siguen perdurando en su resolución final, y a los que no resulta ajeno el sugerente juego de apariencias que las deformaciones producidas por las lentes utilizadas provocan, la exquisita conjunción de materiales, su limpieza de ejecución y el lirismo, exento de cualquier afectación, que preside la totalidad de su trabajo y que lo hace cercano a la idea expresada por los hermosas versos del “ Salmo S. de Paul Valery:

“ En principio fue la sorpresa

Y después vino el contraste

Luego surgió la oscilación,

Con ella la distribución

Y después la pureza

Que es el Final.”