Deja que lo incontrolable no se convierta en presión, que la soledad de los espejos ayude a barrer innecesarios, que las puertas se cierren y las ventanas te hablen, siembra porqués y recoge una nueva forma de vida. Aunque las presiones nos deformen estirando angustias, deja crecerte mirando esquinas que nunca pensaste que existieran, deja que la empatía se coma los miedos y que la solidaridad se abra paso a codazos. Escuchar balcones que lloran, cantan y aplauden tendiendo esperanza al sol y a la luna elimina muchos males, porque nos recuerdan que por encima de todo somos uno solo, que las batallas se ganan luchando, y que cuando exclusivamente disponemos de vacío, silencio y perseverancia, solo podemos sacarle punta a nuestra única y más preciada arma, esa que llaman conciencia.