Querido Remo, ambos comprendemos que nadar en nadas licúa lo imposible de lo invisible, y que esas pocas gotas llenas de auténtica verdad que los sentimientos son capaces de condensar y regalar en una vida, son mucho más que lágrimas, porque al cuerpo lo puedes serenar pero si hablamos de lo más importante, de su auténtico tesoro, no hay alma con inquietud que pueda ser saciada.