A lo lejos, la plaza abre religiosamente
sus rodillas.
Es bella esta ciudad que muestra sus memoria
como un anciano desnutrido.
Tan cerca del cielo que,
cuando lo permiten las nubes,
se ven pasar los pies desnudos
de los últimos difuntos.
Dicen que en los días de tormenta
se escucha un temblor de llaves oxidadas.
Tan cerca del cielo que algunos
de sus habitantes
tienen maneras de pájaro.

Gontzal Dïez