La perturbación como metáfora
La creación artística de los últimos años de Lidó Rico se define por la sorpresa, el dramatismo y la ironía. Pero estos aspectos tan solo son el medio para trascender hacia una lectura superior. Su obra tiene un compromiso con la universalidad a través de la metáfora. Las escenas de tortura, crueldad, desesperación, muerte y desasosiego son alegorías de una sociedad agónica. Las esculturas de resina se transforman en iconos de los comportamientos humanos; las máscaras, la multiplicidad de rostros o los personajes sin cara son símbolos de la hipocresía, la complejidad de la mente y la falta de personalidad. En todo esto la ironía ocupa un papel fundamental ya que atenúa la agresividad, lo que permite que el espectador reflexione sobre la existencia humana. Sumergidos es el título de la exposición propuesta para el Museo de la Universidad de Alicante (MUA) por el doble motivo de ser obras realizadas gracias a moldes obtenidos al introducir partes de su cuer-po en escayola y porque los personajes están inmersos en sus miedos, reflexiones y obsesiones. Sumergidos supone un paso más en el análisis de los comportamientos humanos. Si en exposiciones como The Sowerfighters (Murcia, 1999) los personajes se infringían daños en escenas teatrales donde el dolor y la muerte se mostraban de forma explícita a través del sentimiento de culpabilidad de los torturadores, asesinatos y suplicios, en esta muestra los gestos de terror y desesperación vienen motivados por la angustia existencial y las obsesiones que corroen sus almas. La expresividad de la materia y del proceso técnico. En el estudio del trabajo de Lidó Rico no se debe obviar el proceso técnico. Las piezas son fruto de inmersiones de partes de su cuerpo en recipientes llenos de escayola fresca. Esta acción le permite formar un molde que posteriormente se rellena con resina de poliéster. Para obtener piezas de diferentes colores añade tintes a la resina antes de verterla. Cuando el material fragua se rescata la pieza de la escayola. Ocasionalmente el molde puede ser de cera o silicona. Una vez que se obtienen la esculturas en bruto llega el momento de lijarlas. Además de limar impurezas y disimular pequeñas grietas y poros, este proceso permite definir los detalles de la escultura y obtener una textura fina. El último paso consiste en untar con acei-te las piezas, lo que les otorga un aspecto brillante. La heterodoxia tanto de los materiales como de la realización refuerzan la intensidad dramática de la obra. Al igual que en el Action Painting, donde el gesto de pintar se considera parte integrante y fundamental de la obra, la inmersión de Lidó Rico en escayola es una pieza artística por ser un acto cargado de esfuerzo, expresividad y emoción. Pese al control técnico que demuestra Lidó Rico en su obra, el proceso creativo y los materiales utilizados tienden a expresarse por sí mismos. El trabajo de lija suele atenuar los desmanes del molde y de la resina. Pero, en ocasiones, aprovecha estos desmanes manteniéndolos en el resultado final de la obra. En La Biblioteca de la Felicidad, uno de los personajes lleva un gorro de baño. Se trata del gorro que utiliza Lidó para protegerse el pelo cuando se sumerge. Normalmente apenas queda definido pero, en esta ocasión, aparece nítido en la escultura. El caso de la figura de La Señorita de las Cuentas es más sorprendente, ya que es la única que tiene los ojos abiertos. El efecto es casual, ya que dos poros horadan el material dibujando perfectamente las pupilas. En estos casos el azar es fundamental para la sensación de desasosiego. Recursos barrocos al servicio de la creación contemporánea. Pese a que la obra de Lidó Rico está dentro de los parámetros del arte más actual, también es cierto que comparte propósitos y recursos con el Barroco. En líneas generales, la escultura barroca busca impactar y conmover a través de diversos procedimientos: crear la sensación de movimiento, recargar la obra hasta cotas insospechadas, romper los límites entre el espa-cio del arte y el del espectador o captar el momento más dramático de la acción. Todos estos recursos pueden constatarse en las obras de Lidó Rico. Para conseguir la ilusión de dinamismo utiliza diferentes estrategias como la composición en diagonal, las deformaciones del rostro a causa de la velocidad, la captación de objetos en plena precipitación o las fuertes contorsiones motivadas por la agitación mental y física a la que se ven sometidos los personajes. Por ejemplo, en La Biblioteca de la Felicidad, Los Voyeurs y Autorretratos con Caja Roja Lidó Rico ha resuelto la composición en diagonal, lo que intensifica el dinamismo de las escenas. En Los Voyeurs la atracción hacia la televisión de los personajes provoca la deformación del rostro acentuando la ilusión de movimiento. Asimismo, la gran mayoría de las figuras han sido captadas en plena acción aunque algunas destacan por encima de las demás: En The Factory un personaje está manipulando esferas y una de ellas queda congelada en mitad de la caída. Sin embargo, la pieza más contundente en este sentido es L`Homme Oiseaux, donde una figura se levanta la tapa de los sesos y la masa encefálica sale despedida. La magia de Lidó Rico consiste en congelar el instante para transformarlo en eterno. Si bien es cierto que el recurso del recargamiento no es el más utilizado en la creación de Lidó Rico,se pueden señalar algunos ejemplos. La aglomeración de cabezas que se dirigen hacia la televisión en Los Voyeurs o las cuatro filas de máscaras de La Biblioteca de la Felicidad sólo son el preámbulo de la multitud de esculturas que habitan en The Factory. Setenta y dos figuras con sus respectivas mesas se aglutinan en un espacio en “U” escalonado a tres alturas. La acumulación de piezas consigue la conmoción deseada. The Factory sorprende al espectador al convertirse en gran retablo del desasosiego. Si en la obra de Lidó Rico delimitamos los ámbitos de escultura y espectador, el muro es el espacio para el arte mientras que el resto de la sala queda reservada al visitante. Partiendo de esta premisa, no es difícil observar cómo el artista crea lazos de unión entre ambos mundos. La estrategia tiene una doble naturaleza: situar piezas de resina que se integren en el territorio del espectador e incorporar objetos reales en la escultura. En Muchacho con Martillo y El Gran Banquete, el barreño ubicado en el suelo del que emerge una cabeza provoca la interferencia del arte en la esfera del visitante. La mesa del televisor de Los Voyeurs y los pupitres del escalón inferior de The Factory están, al mismo tiempo, anclados en el muro y apoyados en el suelo, por lo que funcionan como nexo. En la escultura barroca era habitual vestir a las imágenes, añadirle postizos como ojos de cristal o pelo natural e incorporar objetos reales a las obras. Lidó Rico no es ajeno a la utilización del objeto como puente entre arte y espectador. El telescopio de Eclipse o la caja fuerte de La Señorita de las Cuentas son elementos exentos del muro, contemplados o utilizados por las figuras. Pero la televisión de Los Voyeurs y la caja fuerte de Autorretratos con Caja Roja al quedar empotrados en el muro consiguen una relación más poderosa entre el espacio de la escultura y el del espectador. ¿La agresividad como anuladora de la belleza? A finales de los años noventa se produce en la carrera de Lidó Rico un cambio sustancial al pasar de obras desbordantes de lirismo y delicadeza a piezas cargadas de agresividad y dolor. Gloria Moure en el catálogo de la exposición The Sowerfighter refiriéndose a esta evolución comenta: “He de confesarles, en cualquier caso, que me ha chocado y mucho el giro antropomórfico y violento que Lidó Rico configura en su obra más reciente”. Pese a todo, las obras de estos últimos años tienen un acabado brillan-te y preciosista. Tinta las resinas en diferentes colores. Por lo general, las piezas son monocromas y predominan las blancas y grises oscuras (color fillite), aunque también las realiza en colores vivos como amarillos, verdes, naranjas o rosas. En este camino la obra más llamativa es Frutas del Bosque. Las máscaras de transparencia rosada que el personaje fabrica como si de vidrio se tratara producen el efecto de ser aromáticas e incluso comestibles. El pequeño matraz recuerda las obras de principios de los noventa donde Lidó Rico introducía dedos de resina en frágiles recipientes de cristal. En Imposición y El Gran Banquete combina con sumo equilibrio el amarillo y el fillite. En la primera, las máscaras amarillas se superponen al fillite, y los colores quedan perfectamente fundidos gracias al trabajo de lija. En la segunda, sobre el gris oscuro resalta el amarillo de la cabeza que está siendo devorada y del líquido que contiene el barreño. Entre las concesiones estéticas que surgen de la violencia se encuentra la utilización de formas geométricas contrapuestas a las antropomórficas. El cubo es el más repetido en la exposición. Generalmente aparece incrustado en la cabeza de las esculturas como en varias figuras de The Factory y en Los Amigos de la Luna. En The Factory las geometrías salpican la obra: puzzles, rompecabezas o bloques de resina de poliéster tienen inscritos círculos, espirales, rectángulos concéntricos de ángulos romos y elipses; sobre algunas mesas hay esferas, una de las figuras maneja piezas prismáticas de un juego de construcción, a otra se le ha caído una multitud de pequeñas semiesferas que han quedado desparramadas en el pupitre y en cuatro esculturas un volumen elíptico marcadamente estilizado se superpone al rostro. Es incuestionable que la obra de Lidó Rico de estos últimos años es eminentemente violenta, pero al mirarla con detenimiento nos damos cuenta que la belleza no ha desaparecido bajo el manto del desasosiego y que el cuidado estético se mantiene latente pese al dramatismo de la temática. La ironía de la crueldad. La creación de Lidó Rico siempre ha estado imbuida por un halo de causticidad, pero en estos últimos años el sarcasmo unido a la violencia de las propuestas ha formado un cóctel corrosivo de crítica social. En las piezas de esta exposición la ironía posee diversas naturalezas. En L`Homme Oiseaux y Muchacho con Martillo -las escenas más crueles de la muestra, los objetos que provocan la muerte han sido creados gracias a moldes de juguetes. En Frutas del Bosque y La Biblioteca de la Felicidad el gesto de las máscaras es ambiguo, sin llegar a definir si es felicidad o extremado dramatismo. De igual manera, los rostros de algunos personajes de The Factory no denotan su contento o desesperación. Uno de ellos recibe al espectador con unas gafas de buzo, dos máscaras en las manos y una mueca socarrona profundamente perturbadora. En Purple Rain y El Ponedor, a pesar de la potente dosis de sarcasmo, el divertimento consigue desplazar la agresividad de la escena. En la obra de Lidó Rico hay algo inaprensible, más profundo e intenso, algo que se impone al espíritu sin pasar por el filtro de la razón. Hay piezas desconcertantes que pueden llegar a obsesionar. La agresividad, el desasosiego y la angustia se trasladan inapreciablemente hasta el espectador: al llegar a este estado siente realmente la fuerza de sus esculturas. Los visitantes navegan en el laberinto de la exposición hipnotizados por los cantos de sirena. La atracción de la obra de Lidó Rico arrastra a los nuevos Ulises hacia las rocas de la perturbación. David Alpañez Serrano |