© COPYRIGHT 2016. LIDÓ RICO

THE WAVES.

Sometimes it is possible that just only one image is necessary to know someone’s history, or something’s history or even the world’s.
The artist, an image maker, normally only gives us some more or less exact reference of life, small clues as to what has been or what could be. On very few occasions the artist manages to condense life into one image, invent the world newly within the limited and exact confines of each of his works; giving us above all, a preview of what will inevitably come about and until then will remain unknown. This is what happens in the universe of Lidó Rico, full of disturbing, suggestive and new images which show us an enigmatic, unforeseeable world, rich and disconcerting, completely unknown and, therefore, novel. Before them, it is impossible to be impassive. Through them we receive precise news of the past, exact consciousness of the present, absolute certainty of what has to be the future.

To produce his work, Lidó Rico borrows few references from the history of art. Almost just the
denomination “paintings” not really appropriate for some in its most elemental aspect – object which is hung so as to be contemplated and give pleasure- and little more. There is, it is true to say, a certain tendency to infringe the pre-established, to oust the rules and destroy the barriers that have come to be commonplace in the art of the last few years, or, even better, to all art which is ahead of its time, breaking clearly with the past, totally opening the way towards a future ignored until then, usually unexpected and unaccepted to begin with and which, only over the years, will assume and attain the “status” of classic.

Irreverant in technique and somewhat iconoclast, Lidó Rico does not hesitate when it comes to freeing his paintings from the slavery imposed by traditional dimensions, at the same time as eliminating the classic support from them or any of the elements which have always characterized painting. This way, apart from being done with atypical materials, his works appear, in the first instance, technically and formally unusual.
The basic material of his present work is wax, the support into which he inserts the most divers elements with which he creates his works or on which he superimposes varied and disparate forms, resulting in a kind of surprising three-dimensional collages, made up of heterogeneous materials -the greater part pre-existing and with their own conceptual value – and put together using un usual technique.

But, although in the first p lace the contrary might be believed, there is nothing accidental in the work of Lidó Rico. Concessions do not exist in his work and even less to a false epatante spirit or the so imperative and banal need to surprise which might characterize many of his contemporaries. His painting, totally coherent, is a product of sincerity, also of need; and it starts from an absolute clarity of concept. Subtlety, irony or elegance are the principles which form part of the initial concept and which last on into the final product and which are not divorced from the suggestive game of appearances that the deformations produced by the lenses used cause, the exquisite assembly of materials, the cleanliness of the work and its lyricism, free of any affectation which presides over all his work, making it close to the idea expressed in the marvellous verses from “Psalm S” by Paul Valery:
“In the first place it was surprise and then came contrast, after oscilation arose and with it distribution and later prity which is the end.”

LAS OLAS

A veces ocurre que no se necesita nada más que una imagen para llegar a conocer la historia de alguien, de algo o, incluso, del mundo.
El artista, hacedor de imágenes, suele darnos tan sólo, normalmente, alguna referencia más o
menos exacta de la vida, pequeñas pistas de lo que ha sido o de lo que puede llegar a ser. Las menos de las veces, el artista consigue condensar la vida en una imagen, inventar el mundo nuevamente en los escuetos y exactos límites de cada una de sus obras; adelantarnos en ellas, sobre todo, lo que, inevitablemente, llegará a acontecer y hasta entonces permanecía ignoto. Es esto lo que ocurre con el universo plástico de Lidó Rico, plagado de imágenes inquietantes, sugestivas y nuevas que nos muestran un mundo enigmático e imprevisible, rico y desconcertante, totalmente desconocido y, por tanto, novedoso. Ante ellas, resulta imposible la impasibilidad. A través de ellas, tenemos noticias precisas del pasado, conciencia exacta del presente, certeza absoluta de lo que tiene que ser el porvenir.
Para la realización de su obra, Lidó Rico toma prestadas escasas referencias de la historia del arte. Apenas, la denominación de “cuadros” -para algunos no del todo apropiada-, su vertiente utilitaria más elemental-objeto que se cuelga para ser contemplado y proporcionar placer- y poco más. Tiene, eso sí, cierta tendencia a infringir lo preestablecido, a desterrar los cánones y a derrumbar barreras que resulta común al arte de los últimos tiempos, o, mejor, a todo arte concreto que se adelanta a su tiempo rompiendo claramente con el pasado, abriendo totalmente el camino a un futuro ignorado hasta entonces, normalmente sorpresivo e inaceptado en principio, y que solamente con el paso de los años se llegará a asumir completamente y obtendrá el “status” de clásico.
Irreverente en la técnica y un tanto iconoclasta, Lidó Rico no duda a la hora de liberar a sus
cuadros de la esclavitud impuesta por las dos dimensiones tradicionales, al tiempo que elimina de ellos el clásico soporte o cualquiera de los elementos que caracterizan desde siempre a la pintura. Sus trabajos, de este modo, realizados además con materiales atípicos, resultan, en principio, técnica y formalmente inusuales. La cera es la materia básica de su quehacer actual, el soporte en el que insertará los elementos más diversos con los que crear sus obras o sobre el que los irá superponiendo de las formas más variadas y dispares, dando como resultado una suerte de sorprendentes “collages” tridimensionales formados con
los más heterogéneos materiales -gran parte de ellos preexistentes y con su particular carga conceptual y elaborados conjugando las más inusitadas técnicas.

Pero, aunque en principio pudiera pensarse lo contrario, nada hay en el trabajo de Lidó Rico producto de la casualidad . No existen concesiones en sus cuadros y mucho menos a un falso espíritu epatante o a la tan imperiosa como banal necesidad de sorprender que puede caracterizar a muchos de sus contemporáneos. Su pintura, de una total coherencia, es producto de la sinceridad, también, de la necesidad; y parte de una absoluta claridad de concepto. La sutileza, la ironía o la elegancia son principios que forman parte de su planteamiento inicial y que siguen perdurando en su resolución final, y a los que no resulta ajeno el sugerente juego de apariencias que las deformaciones producidas por las
lentes utilizadas provocan, la exquisita conjunción de materiales, su limpieza de ejecución y el lirismo, exento de cualquier afectación, que preside la totalidad de su trabajo y que lo hace cercano a la idea expresada por los hermosos versos del “Salmo S.” de Paul Valery:
“En el principio fue la Sorpresa y después vino el Contraste, luego surgió la Oscilación,
con ella la Distribución y después la Pureza que es el Final.”