© COPYRIGHT 2016. LIDÓ RICO

THE SHELLNUT OF A GESTURE.

It is so difficult to interpret a plastic creation just with words! That old translation from emotions to objects! Besides, when the work of art is a hybrid of several artistic categories, finding a concise and profound definition becomes a difficult challenge.
From the moment he started his creative career, more than a decade ago, Lidó Rico’s work has been articulated in two axes, on the one hand, using the different aspects of architecture: relief, performance and installation; and on the other hand, showing the consecutive production phases. Experimenting on the artist’s body as an instrument of plastic creation dates back to the tableaux vivants from the 17th century, and this tendency went on until t he 20th century, with different
developments of art in action. As an ephemeral act, the first stage of Lidó Rico’s work is evidently related to his first experiences with performances; however, he uses his own anatomy as a model, there are no spectators, he uses synthetic materials and the final presence of an object as a testimony of the activity carried out. All these features are more related to recent art -for example, Matthew Barney’s or Gilbert & George’s work-, than to happenings and body-art from the last century-whether they are provocative futurist, dada actions or Marina Abramovic, Vito Acconci or Yves Klein’s controversial works-. In any case, and despite others’ opinions, the result of Lidó Rico’s faultless method is sculptural. The artist buries several parts of his body into containers full of liquid plaster and when it solidifies, he gets casts; then, he fills them with polyester resin, obtaining anthropomorphic pieces that he paints with bright pigments (bright yellow, “fillite” grey, electric green, red, white … ). Lidó Rico touches up his works manually to avoid or to underline a bumpy texture, stressing t he expressive material of the character; finally, he applies an oil layer to make them look bright. Together with this works that reproduce the most dramatic gestures in the precise instant of Barthes’ punctum, we must take into account his plaster casts, which represent everyday objects in his work, such as skulls, telephones … Hanging from the walls, sculptures project on the spectator’s space, as if they would painfully emerge from them.

Works are located in diagonal (Reo, 2004), in the corners of the room (Comunicados, 2004) or in display cabinets (Monocabinas, 2004), so they get to be shocking installations (La estela deliciosa de una mujer con distinción, 2004; Un mundo perfecto, 2004). In his most recent
works, Rico introduced geometrical shapes, with references coming from suprematism and conceptualism that contrast with natural elements, as it happens in the series Testigos; con identidad, que aseguran haberlo visto en el parque (2004) or Flash (2004).
There are also new labyrinthine silhouettes, puzzles … in the surface of the sculptures (Diecinueve mil seiscientos, 2004) and light beams that expand their operational range temporally and spatially (Revientacajas, 2004). In sorne way, the way he has chosen is related to the most controversial sculptural tendencies of the last decades, from Robert Gober’s critical compromise, to Kiki Smith’s horrible expressionism or Mark Quinn and hyperrealism of
the most distinguished representatives of t he sensation generation.

Together with such disturbing images, we find pieces of work such as the poetic suite Oníricos (2004) or the group of spheres (Atmósferas,2003), made of resin, the artist’s digital fingerprint and the photographical collage, relieving his eyesight and his soul.

When we look at these works of art, we find again and again the concept of “hybrid”: a mysterious conjunction of words and shapes, thoughts and images that invades the spectator’s mind. It is the vain (and human) attempt to combine language and feelings. That is why Lidó Rico’s narrative character has been underlined: each of his sculptures seems to tell a little and dramatic story (Mis cinco pequeños, 2004). But these are just words and they inevitably loss their fight against the emotion for capturing so much beauty and intensity.

LA CÁSCARA DE UN GESTO

¡Qué ardua labor la de interpretar con meras palabras la creación plástica, esa compleja traslación de emociones a objetos! Cuando la obra es, además, un híbrido de varias categorías artísticas, hallar una definición concisa y, al tiempo, profunda, se convierte en un difícil desafío.

Desde que comenzara su andadura creativa, hace más de una década, los dos ejes que han articulado el trabajo de Lidó Rico han sido, por un lado, la utilización de aspectos de la escultura, el relieve, la performance y la instalación y, por otro, la exhibición de las sucesivas fases de producción. La experimentación con el cuerpo del artista como instrumento de creación plástica se remonta en Occidente a los tableaux vivants del siglo XVII, y esta estela se prolonga hasta el XX en los diversos desarrollos del arte de acción. En cuanto acto efímero, la primera etapa del trabajo de Rico tiene evidentes lazos con las experiencias iniciales de la performance; sin embargo, la utilización de la propia anatomía como modelo, la ausencia de público, el uso de materiales sintéticos y la presencia final de un objeto como testimonio de la actividad realizada tienen más vínculos con el arte reciente –por ejemplo, la obra de Matthew Barney o Gilbert & George-, que con los happenings y el body-art de la pasada centuria –ya sean las provocativas acciones de futuristas y dadaístas o las polémicas convocatorias de Marina Abramovic, Vito Acconci e Yves Klein-. En todo caso, y al margen de ulteriores retóricas, el resultado del impecable método que emplea Rico es escultórico.

El artista sumerge distintas partes de su cuerpo en recipientes llenos de escayola líquida que, al solidificar, se convierte en moldes; a continuación, los rellena con resina de poliéster, obteniendo así unas piezas antropomórficas que, teñidas con pigmentos de vivo cromatismo (luminosos amarillos, grises “fillite”, verdes eléctricos, rojos, blancos…), retoca manualmente para suprimir o acentuar las rugosidades, enfatizando el carácter expresivo del material; por último, aplica una capa de aceite que las dota de un brillante acabado. A estas obras, que reproducen sus gestos más histriónicos, en el instante exacto de punctum barthesiano, se suman vaciados de objetos cotidianos habituales en su trabajo -calaveras, teléfonos…-. Adheridas a las paredes, como si emergieran dolorosamente de ellas, las esculturas se proyectan sobre el espacio del espectador -a menudo dispuestas en diagonal (Reo, 2004), situadas en las esquinas de la sala (Comunicados, 2004) o en vitrinas (Monocabinas, 2004)-, y se convierten en impactantes instalaciones (La estela deliciosa de una mujer con distinción, 2004; Un mundo perfecto, 2004). En los trabajos más recientes, Rico ha introducido formas geométricas, de reminiscencias suprematistas y carácter conceptual, que contrastan con los elementos naturalistas, como en el caso de la serie Testigos, con identidad, que aseguran haberlo visto en el parque (2004) o Flash (2004).

También son nuevas las siluetas laberínticas, los puzzles… inscritos en las superficies de las esculturas (Diecinueve mil seiscientos, 2004) y los haces de luz que extienden su radio de acción, temporal y espacialmente (Revientacajas, 2004). En cierto modo, el camino elegido se relaciona con las tendencias escultóricas más controvertidas de las últimas décadas, desde el compromiso crítico de Robert Gober, al horripilante expresionismo de Kiki Smith o Marc Quinn y el hiperrealismo de los más ilustres representantes de la generación sensation. Junto a tan inquietantes imágenes, piezas como la poética suite Oníricos (2004) o el conjunto de esferas (Atmósferas, 2003), realizados con resina, la huella digital del artista y collage fotográfico, alivian la vista y el espíritu.

Al observar estas obras, aparece una y otra vez el concepto de “híbrido”: una misteriosa conjunción de palabras y formas, pensamientos e imágenes se adueña de la mente del espectador. Es el vano (y humano) intento de conjugar sentimiento y lenguaje. Quizás por ello, a menudo se ha señalado el carácter narrativo del trabajo de Lidó Rico: ciertamente, cada una de sus esculturas parece contar una pequeña y dramática historia (Mis cinco pequeños, 2004)… Pero esto son sólo palabras, e, irremediablemente, pierden en su pugna con la emoción por aprehender tanta intensidad y belleza.

María García Yelo