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LUCIERNAGAS Y MONOCROMÁTICOS

“La muerte es el inicio de la vida, la vida el inicio de la muerte: ambas vienen de un centro que ni vive ni perece.”

La ciencia afirma que en su origen el universo era opaco y tenebroso. Hubo de esperar a su expansión para “hacerse la luz” y combinada con la materia, estabilizar el vacío, penetrar la vida.

Metafóricamente, la pintura puede ser considerada como una ventana abierta al conocimiento y la narración fortalece su sentido invitándonos a diseccionarla, a transitar por ella, pero tenemos un adulterado impulso que nos conduce a juzgar erróneamente y a sentenciar auxiliados siempre por analogías, al suprimir cualquier aderezo descriptivo alejaremos los gibosos juicios que naufragan y se alejan de las verdaderas intenciones nativas del creador, eliminar, depurar para purificar.

La monocromía ritualiza con severidad, la ventana se transforma en espejo, todo se apaga creando un tiempo suspendido, los cuadros sudan luz, nos abisman y aturden, resurge palpitante y al borde, como en un bucle infinito que fluctúa entre lo nublado y rutilante quedamos atrapados sin amparo.

Campos se color, cautelosos espacios acotados, telepáticas lucernas en suspensión, tempo acompasado, anómala luz en migración rotatoria, refulgente sístole y apocado pero milagroso diástole.

La venenosa luminosidad atropella untuosa como quien vomita proclamando que en lo visible está lo concluyente, pero la oscuridad nos deglute y volatiza.

Palabras, términos, mensajes, voces, sentencias escritas con cráneos y despieces humanos truncados, en el suelo, sobre el muro y que apagados irradian, expulsan, nos arrojan como hechizados toda la historia que contienen, en la luz se establece la eterna significación, la oscuridad como perfecta traidora las perfora y nos apea de su sentido desvaneciéndolas lentamente, en una especie de ritual de purga donde el ritmo magnetiza y lacera la sempiterna significación de la realidad.

Las palabras legibles con el resplandor, con el inicio de la oscuridad van mudando hacia lo apocado a modo de espectro que pierde su verosimilitud, imperturbables en su muda, el tiempo las arrastra hacia una in-útil desaparición, que exhuma a la vez que nuevas, insólitas interpretaciones, este rítmico acompasamiento establece un cambio sobre las percepciones, impulsándonos hacia un desconocido estado de continua permeabilidad.

Oscuridad, huella, caos, muerte, instigación, destrucción, ahogados e inmolados.

La oscura gruta es la génesis, es un espacio inveterado a modo de sombrío e insólito intestino, un momento para el tránsito y la revelación, a medida que se abisma el visitante en esa atezada caverna, el proceso de trabajo transciende y narcotiza, inicialmente las fotografías de gran formato hechizan al paseante, sobre papel, instantes de sumergidos congelados, en suspensión, avanzamos, el corredor te asalta y aguijonea, aparecen los moldes de escayola horadados en el muro, el vacío se hace presente, la huella delata episodios, nos sepulta y sedimenta hacia un viaje sin distancias, el atormentado y turbulento momento creativo se hace presente, una insólita invasión está sucediendo, la lógica se dispersa y desvanece, aparece una nueva realidad paralela, escayola tras escayola, molde tras molde, sumergido tras sumergido la oquedad fustiga, una galerna de holladuras y señales buscan en el espectador su final, su mente analiza, enjuicia y llena como pulverizando las ausencias, las hace rebosar y consigue derramar una nueva materia, la de su propio juicio, como una revelación, esta liturgia augura que lo tungente se hará realidad, que al terminar de recorrer esa oscura cripta, la refulgente luz que ya intuimos nos dará una respuesta.
Atrapados y conscientes de nuestro hallazgo y particular tesoro, nos damos cuenta que vivimos en una indolente austeridad cromática, que nos han impuesto que huyamos de la reflexión, que lo adulterado extirpa las certezas y que el progreso es más que nunca cuestionable porque lejos de significar un presagio de mejora consigue alejarnos del hombre, lo valiosamente íntimo es taladrado y reventado por balsámicas bombas que adoban, adoctrinan y dirigen nuestro punto de vista, pero nosotros aquí estamos seguros, hemos descubierto como no equivocarnos al descubrir y refugiarnos en un proceso creativo que dejó de ser ajeno.

“El origen de la vida se enrosca sobre sí mismo como la rueda; y cuando llega al punto central alcanza la libertad, pero no a Dios, sino la tintura que abrasa la vida: pues lo que quiere alcanzar a Dios tiene que pasar por el fuego; pues ningún ser alcanza a Dios a menos que consista en fuego, entiéndase el propio fuego divino o de Dios. Si ese fuego se inflamara, se fundiría el mundo. Pero no hablamos del fuego de la fantasía, que no es tal fuego sino sólo profunda rabia.”

Luz, secretos, pasión, salvación, vértices.

Lo predecible se objetualiza, una turba de insólitos individuos en manada se arremolinan y detonan succionando el sufrimiento a modo de expiación, se albergan todos en un rectangular e imponente tótem fosforescente y en un pulso litigante forman un gran anillo donde se acordona todo ese acontecimiento, en ese gran circular conviven una especie de origen y pálpito del pasado, en un descomunal pulso donde el caos busca respuestas, allí está todo lo padecido, sufrido y aprendido durante años, atroces fragmentos, trituradas porciones humanas luchan por subsistir, los hallazgos más recónditos se manifiestan con severidad.
Un hombre son todos los hombres, un gesto el gesto de todos.
Abismo y cieno sin certezas en la ruta de tinieblas, eternidad sin secretos en la tangible y suspendida luz.