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FLAGS

De aquella inesperada y pequeña osamenta plastificada regalada la noche de reyes sólo quedó indemne el diminuto cráneo, las palmípedas desproporcionadas e infames articulaciones exhalaban un insoportable hedor a plástico perfumado y acabaron pronto junto a otras inmundicias.

Aquel novicio cráneo resultó ser el presagio de una nueva obsesión, como siempre mi forma de trabajo obtiene en la tortura de lo inesperado un valioso caudal, el anómalo encuentro establece las reglas del combate, una soporífera reyerta te aturde y se eterniza hasta que median soluciones, hasta que aparecen resultados a modo de desquites.

Un hombre todos los hombres, un cráneo el mismo en todos, similitud absoluta en la forma, disparidad total en contenidos, enanos contenedores temáticos que engullen bíblias, que se zampan y se preñan de lo más inesperado, excretando unos secretos interiores que nos hacen viajar hacia territorios escarpadamente insólitos.

La repetición como toma de conciencia, los pequeños cráneos se instalan en secuencias a modo de inagotables visagras confinadas que se abandonan esperando ser abiertas, pernios injertados que se desdoblan infinitamente sin más propósito que transmutarse en espejos.

Doctos invasores, trivial alianza de perdonavidas ilustrados asociados por temáticas, ganados que se trenzan y confabulan acotando firmamentos.

Del atormentado y reflexivo personaje de la izquierda que intercede en la narración rezuman itinerarios, tiranías, insignias, crónicas, colisiones y batallas que nos empujan hacia la combustión, su cometido es pilotar la urticante grada de efigies, expurgándose.
La resistencia como toma de conciencia, la paciencia como obligación para huir de la fronteriza comedia que nos infecta a modo de punzante y regio percutor.
La reiteración nos induce a colonizar, a admitir lo vulnerable de la manada, una litúrgica comitiva de eslabones que nos muda hacia el quimérico y cautivador firmamento del dogma como único alivio, como única esperanza, como única solución.