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EXPLORER

Líquidos, somos líquidos, todos líquidos, fluidos que a veces piensan, energía que se encalla en su frágil y endeble vanidad, calor que engolosina y soterra un destino común tan frío como poco enigmático.

Recuerdo ahora la exposición de aquellos rusos porque despertó en mí un violento hechizo, era un trabajo implacable, cruel y faccioso; realmente creo, que aquel hallazgo se convirtió en uno de esos escasos momentos que por su emoción e intensidad encauzan la vida de más de uno, la crudeza de aquellas piezas consistía en un azote que hasta aquel momento desconocía, por ser algo que no se puede enseñar y también por mi corta edad, era la fé, aquellos artistas transmitían una creencia y una convicción en su trabajo que resultaba dolorosa, casi insoportable, aunque el tiempo barriera todas aquellas rojas utopías pienso que en el fondo consiguieron su propósito, cuando eres testigo del milagro, puedes o no puedes creer…
Mis materiales son líquido transparente como nosotros, nacimos rompiendo aguas, intentamos catalizar pensamientos, conceptos, ideas, pero siempre mezclando naturalezas distintas, realidades ajenas al cuerpo, convivencias, distancias; el ojo nos engaña despiadadamente, resinas transparentes, aguas que se consolidan, creación de vida, mundos paralelos.

No hay certezas, pero sí emociones, la emoción de un encuentro, la endemoniada atracción que determinados objetos me producen sin más razón ni ley; ese disparatado y obsesivo estremecimiento hipnótico se estanca en mi cabeza como una tempestad cuya sacudida no cesa hasta apropiármelo, pasando entonces a formar parte en el estudio de un insólito destacamento, ocurrió con la piragua hasta transformarse en los “explorer”, con una aguja hasta derivar en “pinchalineas”… en realidad todos esos objetos forman parte de una gran y enrevesada familia, en todo ese acopio de desorden, no existen jerarquías porque la amenaza de pasar a formar parte de una pieza puede ser tan imposible como inminente.
Resulta complicado traducir a este medio otro lenguaje basado en lo tangible, en la materia, un lenguaje que tiene en lo palpable un irracional adiestramiento casi litúrgico.
Durante la creación, una extraña fuerza indaga zonas sin explorar, la percepción se espesa y busca sin forzar, de forma inconsciente. Un impulso y aparece el concepto, caes en el embudo, giras, das vueltas pero la endemoniada rotación tiene un único sentido y una sola salida, en ocasiones, solo tienes que seguir el ritmo de la propia naturaleza, aunque regirte por esa naturalidad sea en apariencia lo más fácil, resulta en la practica de una aspereza devastadora.
Siempre he pensado que la obra comienza cuando se termina de observar, en ese instante invisible está realmente la sublevación, el verdadero espacio que la pieza debe ocupar es más mental que físico, ese viaje es lo único que me interesa y tiene valor, la obra debe de compartir la capacidad de viajar y hacer viajar. Abierta, visible pero invisible.

Mi viaje necesita una gran cantidad de protocolos, la mayoría se sufren físicamente hasta cotas imprudentes para el propio cuerpo, pero ese recorrido es por el momento el único que me cautiva, no se trata solamente de sumergir y naufragar, de confinar mi cuerpo en distintas sustancias, sino de mezclar naturalezas, la huella que produce la piel al contacto con la materia desencadena una serie de involuntarias reacciones que por su absurdo me resultan indispensables.
Creo que en el fondo todo, hasta lo más fruslero deja huellas, aunque no sean propiamente físicas, la experiencia empapa y te horada sedimentándose en lo más privado, en nuestro anubarrado interior, por esta razón, una pauta que siempre he mantenido en mi vida es el refugio en la intimidad más estricta, me resulta tan necesaria como respirar, esa huída, es la única manera que conozco para sobrevivir y vencer a la caricatura.

Mis buceos en escayola suponen una liberación porque degluten la fugacidad del cuerpo, catalizándolo lo consolida y perpetúa, siempre he pensado que la crudeza y tortura de su proceso, queda implícito en las propias piezas, incertidumbre, atropello, ignorancia, cólera, pasión, sátira, turbación, demencia… toda esa jauría de aspamientos se concentra y muda en resinas, para obtener al final la conclusión de que el hombre empieza donde acaba la razón, de que lo impulsivo e irracional se convierten en el único vehículo apropiado para avanzar en conocer nuestros adentros, que es en definitiva lo que todos buscamos.
¿ Por qué utilizo mi cuerpo?, supongo que por ser un tozudo y perseverante idealista, que tiene como dogma la inflexible y quimérica idea de que el arte ocupa un espacio producido por y para el hombre.
Aunque lleve muchos años reproduciéndome y buscándolo, todavía sigo sin verlo, pero no pierdo la esperanza.