© COPYRIGHT 2016. LIDÓ RICO

BEWITCHING IMMERSIONS.

For more than a decade now we have been talking about the global village that the world we live in has turned into; a phenomenon confirmed by the far-reaching revolution born of the new communication and information technologies. But, surprisingly, it is also true that the human condition has been transformed during these years, so that we now inhabit a space of insecurity and suspicion, transcending all the principies hitherto underpinning our brilliant humanist trajectory. Without a doubt, this is the most important space for reflection by today’s thinkers and, inevitably, our artists too.

The imagination and its risks, along with a certain messianic spirit, have led the young artist LIDÓ RICO, transgressing the laws of logic, to present us with a remarkably unusual vision of the world. A vision produced by the plunging of his own body in to “liquid materials that are like us: water”. By means of videos and photographs, 1 have been able to see how the incorporation of part of his body into the liquid space was just the start of an initiating transfiguration that gave shape to and paved the way for the disquieting figures that now crowd the walls of h)s studio.

The installation that Lidó Rico has built for this 50th anniversary biennial, entitled “Pensavientos” (Thoughtwinds), speaks with great clarity of the urgent need, arising from the aforementioned imperatives, for us to observe the world from other angles, that are dangerous , like his own works, and insecure, like the reality that surrounds us. Thus, from “Circular de secretos” (Circular
of secrets) to “Reo” (Accused) , via “Explorer 515-516”, a whole fascinating discourse unfolds, with which the artist, with disturbing torment, slashes and flays the suffocating atmosphere of the prevailing reality. The brilliant execution of these images and their acidic colours do not detract from the essence of his discourse. On the contrary , at times they achieve a stunning brightness, like the oarsman of death, a reflection of those shameful boatloads of immigrants, with which the artist seems to let out an angry cry of non-conformity.

More tham expressing his repudiation of traditional art icons, what the work of Lidó Rico really shows is the necessity for the artist of today to dive headlong into the abyss of creation and to survive the dangers that usually greet the visionary on such a voyage. There is something here of the suffering and pleasure that the lmpressionists bequeathed to us in their struggle with colour,
only that the point now is not to discover the magic formula that defines and structures the work of art; rather, the immersion of Lidó Rico in his liquids and acids underlines the total insecurity that stalks us all, all of us that live in this weightless container: the world of today.
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LA INMERSIÓN HECHIZANTE.

Si desde hace mas de una década venimos hablando de la aldea global en que se ha convertido el mundo en el que habitamos, y la profunda revolución que vienen significando las nuevas técnicas de comunicación e información así nos lo confirman, es muy cierto también que sorpresivamente en estos últimos años la condición humana se ha visto avocada a subsistir en un espacio de inseguridad y recelo que trastocan todos los principios que han fundamentado hasta aquí las bases de su fulgurante trayectoria humanista. Sin embargo éste es el espacio de la reflexión prioritario de los hombres de pensamiento de nuestros días y como no podría ser menos de nuestros artistas.

La imaginación y sus riesgos y cierto espíritu mesiánico ha llevado al joven artista LIDÓ RICO, transgrediendo las leyes de la lógica, a plantearnos una visión del mundo absolutamente insólita, aquella que le origina la zambullida de su propio cuerpo en “ materiales líquidos que son como nosotros: agua”. Así pude conocer a través de vídeos y fotografías como la integración de parte de su cuerpo en el espacio líquido no es nada más que el principio de transfiguración iniciática que tomaran cuerpo ( y nunca mejor dicho) y que darán paso a las inquietantes figuras que hoy pueblan los muros de su estudio.

La instalación global que con el nombre de “Pensavientos” Lidó rico ha construido para este cincuentenario de la Bienal habla muy a las claras de la urgente necesidad que los imperativos antes expuestos nos están exigiendo de observar el mundo desde otros prismas, arriesgados como su propio quehacer, inseguros como la realidad que nos rodea; y así desde “ Circular de Secretos” hasta “ Reo”, pasando por “ Explorer 515-516” discurre todo un fascinante discurso con el que con desasosegante inquietud el artista acuchilla y fustiga la asfixiante atmósfera da la realidad imperante. La brillante ejecución con que estas imágenes se muestran, sus ácidos colores, no solo no disminuye lo esencial de su discurso sino que por el contrario en algunos momentos alcanza un fulgor paralizante, como ese remero de la muerte, trasunto vergonzante de patera con el que el artista parece lanzar un grito colérico de inconformidad.

La obra de Lidó Rico más que expresar su repudio por los iconos tradicionales del arte lo que en realidad manifiesta es la necesidad absoluta de el artista de nuestros días de lanzarse en picado a los abismos de la creación y sobrevivir a los peligros que suelen salir al encuentro del visionario en semejante travesía. Algo del sufrimiento y el gozo que nos legaron los impresionistas en su lucha con el color, solo que ahora no se trata de hallar la fórmula mágica que define y estructura la obra. La inmersión de Lidó Rico en sus líquidos y en sus ácidos subraya la más completa inseguridad que nos acecha a todos, a todos los que vivimos en este ingrávido contenedor que hoy es el mundo.