© COPYRIGHT 2016. LIDÓ RICO

ALTERNANCIA Y CONJUNCIÓN.

“Toda obra es una unidad que establece un equilibrio entre lo que se ve y lo que se oculta a la mirada” (Lidó Rico)

Dos son, a mi entender, las características que han definido el transcurrir, largo de más de década y media, del trabajo de Lidó Rico: alternancia y conjunción.
Alternancia de un mundo exterior y otro interior, que confluyen, inversamente a como quelian los surrealistas, hacia el crédito extremo de la realidad, que ignoran a la vez que la conciben.
Alternancia formal de lo que se muestra y se oculta, de lo que se tapa y lo que asoma, de lo que se sumerge y lo que salta a la superficie. Alternancia, también, en aquello que Christine Fontaine definía, hace más de diez años, como una de las preocupaciones centrales de Lidó: (Una) reflexión muy sutil sobre lo que abre y lo que cierra; un camino ‘mental hacia la libertad del acto.(1)
Alternancia, en último caso, según la definición de María Moliner: Específicamente, fenómeno de alternar en un mismo animal o planta la generación sexual y la asexual, que podríamos aplicar a los humanoides en los que se autorretrata y a cierras máquinas que recuerdan a las que encierran funcionamientos simbólicos.
Conjunción, a su vez, de memoria encapullada y de descoyuntados fragmentos corporales.
Conjunción de acciones inmediatas, premeditadas y fulminantes y su plasmación paralizada, de una pieza, vamos.
Conjunción, por último, enlace de dos elementos que cumplen una misma y única función. Función que, en este caso, yo diria que es tanto instrumental como dramática.
Convendría igualmente señalar que esa libertad del acto, señalada por Christine Fontaine, resulta equivalente a la elección de los procesos y, a la vez y paradójicamente, consonante a la sumisión que Lidó Rico rinde a los materiales.
las obras que ahora muestra en el Palacio Aguirre responden, según creo, a esa dualidad de alternancia y conjunción. Alternancia cronológica, pues veo en ellas, si no un retomo, sf un replanteamiento de opciones exploradas, como luego analizaré, en sus primeros años de actividad pública. Conjunción, también, de los que han sido sus motivos centrales de preocupación: el presente interpretado y la reminiscencia inventada. En los últimos cuatro o cinco años, su producción casi exclusiva han sido situaciones o coreografías en las que él mismo, sirviéndose de su propio cuerpo, ha sido el intérprete de una dramaturgia de la aflicción y el tormento, cuando no de un absurdo vecino al mudo sin sentido becketiano.
Bien podríamos decir que durante casi un lustro el artista ha protagonizado un torturado procedimiento de inmersión en distintas materias dolorosas a la búsqueda no de una representación de la propia identidad y sus cuitas, sino como modo de hacer surgir, de ese barreño amniótico, las vivencias del poblado escenario del ahora.

En Los Voayeurs, fechada este mismo año, sus autocriaturas observan el proceso de inmersión(2) e incubación que conduce al parto.
Constituyen, por así decirlo, instalaciones de amplio aliento-tan amplio como el gesto brutal de aspiración e inspiración que distingue a la inmensa mayoría de sus máscaras-.

A principios de los años noventa, sin embargo, como en esta muestra, sus creaciones eran de dimensiones mucho más reducidas. De contenidos minúsculos. Interesadas, además, en la deformación perceptiva. Se turnaban, además, aquellas en las que intervenfan fragmentos corporales extraídos de moldes -especificamente un dedo de Lidó Rico y su mano amputada a la altura del metacarpo- con otras, carentes de partes anatómicas y que cabe inscribir en la estirpe del collage objetual. Las más próximas a las actuales conformaron, en 1996, sendas instalaciones en la Sala Carlos lll, de la Universidad Pública de Navarra, y en las galer!as Espacio Minimo, de Murcia, y DV, de San Sebastián.
Un montaje en el que una multitud de manos, en distintas posturas y colores, se sinían por las paredes de la galeria como si emergieran de ellas. Todas sujetan o una lupa o una bombilla, ambas de resina transparente, que encapsulan objetos, formas o estn1cturas a través de las cuales se puede descubrir cómo es subvertida la realidad.(3)
Las lentes cuestionan la realidad y hay en ellas un punto de subversión grande,(4) declaraba, por su parte, el artista.
Lupas que conformaban una de las pocas piezas en las que no intervienen ni él directamente ni hay tampoco imágenes corporales añadidas, El martirio de San Miguel, realizada hace diez años.
Las imágenes adjuntas le permitían la inclusión del tiempo. Cual si elaborase notas sobre un pasado inverosímil,
compuesto únicamente de recuerdos encubridores. Atmósferas agrupa, en secciones determinadas por unidades de color, esferas(5) materializadas en resina de poliéster, en cuyo interior Lidó ha introducido imágenes procedentes de antiguas revistas o extraídas de Internet. Son habitantes semiinvisibles del vientre de las esferas. Moradores de globos menudos en los que disponen de
muebles -una cama, un sofá, algunas sillas- como ellos mismos nublados por el peso del tiempo. Lo que para él ha sido bucear en el presente, se troca para esros recuerdos inventados en ocupar diminutas fosas.

Los títulos remiten tanto a su cromía como a cierta voluntad que el escultor enuncia: Atmósfera acuática -en la que el personaje principal, como no podía ser de otro modo, se zambulle-, Atmósferas cítiicas -en la que los intérpretes humanos imitan a los actores animales, el mono o la rara-, Atmósferas rojas, Atmósferas cálcicas -la
más numerosa, con un total de 112 piezas componentes- o Atmósferas complementarias. Han sido concebidas y organizadas secuencialmente. Un procedimiento semejante al que seguía en sus origenes
cuando, como describía Danvila, ocupaba con sus diminutos objetos y pequeñas manos cortadas el espacio todo de la galería en la que se exponían. Un «efecto de multiplicidad y dispersión(6) señalado por Javier San Martín en un lúcido texto, que ha empleado desde esas obras primeras hasta la desmesura de The Factoty, completada este mismo año y que reúne setenta
y dos figuras que realizan todas distintas actividades indistintamente peregrinas y anómalas. El factor final de conjunción muy posiblemente sea lo agobiante y, a la vez, absurdo de estas atmósferas. Lo que ayer fue bucear en la escayola es ahora respirar un aire saturado de resina. Enrarecido y asfixiante.

(l) Christine Fontaine, “Lidó Rico: iComo los dedos de la mano!’ Cat. Lidó Rico, Sala de Exposiciones del Club Diario Levante, marzo-abril1992.
(2) No deja de ser curioso que astronómicamente inmersión sea la entrada de un astro en el cono de sombra de otro. Otra vez el equilibrio
entre lo que se ve y lo que se oculta a la mirada.
(3) José Ramón Danvila, “Mano tras mano’, diario “El Mundo’, 12 de abril de 1996.
(4) Lidó Rico, diario “El Mundo. La Crónica de l.eón’, 28 de enero de 2001.
(5) La esfera no es un motivo inédito en su trabajo. A finales de 1997 ya expuso – en una muestra cuyo motivo principal era el espectro luminoso
del vampiro- esferas que contenían manos y pies, cuerpos troceados y, leit moriv de su trabajo posterior, un rostro desencajado por la intensidad
del grito. En 1999, That lady in a scarf mostraba al artista como conjurador o adivino que escruta en la bola de cristal el invisible futuro.
(6) Francisco Javier San Martfn, ‘La mano, la luz, fragmentos entrevistos’, Cat. Lidó Rico, Universidad Poblica de Navarra Sala Carlos III, febrero-marzo 1996.